Nieblas II (en el Riachuelo)

 



"Turbio fondeadero donde van a recalar, / barcos que en el muelle para siempre han de quedar." comienza ese tango en que el paisaje –un paisaje de lo abandonado, de lo que carece de futuro– habla al mismo tiempo, como en otras letras de Entrique Cadícamo, de quien ha perdido toda esperanza. Con una imaginería deudora del modernismo poético y una desmesura genial se habla allí de "sombras que se alargan en la noche del dolor", de "náufragos del mundo que han perdido el corazón" y, sobre todo, de "puentes y cordajes donde el viento viene a aullar", de "barcos carboneros que jamás han de zarpar" y de un "torvo cementerio de las naves que, al morir, sueñan sin embargo que hacia el mar han de partir."

"Niebla del Riachuelo" fue compuesta por Juan Carlos Cobián, junto con Cadícamo, en 1937. La escribieron para un film, La fuga, de Luis Saslavsky, y para una protagonista, Tita Merello




La primera grabación en disco, de ese mismo año, fue la de la orquesta de Osvaldo Freseedo, con Roberto Ray como cantante. Y algunas de las mejores versiones llegaron mucho después: Virginia Luque con suntuosos arreglos de Atilio Stampone en 1968, Horacio Molina en 1992 –ya lo había registrado en 1964 y existen también algunas grabaciones en vivo–, Roberto Goyeneche con arreglos de Raúl Garello, en 1976, Edmundo Rivero, ese mismo año, con la orquesta de Osvaldo Tarantino. El guitarrista Aníbal Arias se adentró en estas nieblas en 1996 y, tal vez. la interpretación más extraordinaria, más contenida y sentimental a la vez, sea la que Lucio Demare grabó al piano en 1957. 

https://open.spotify.com/playlist/30vIyOrq4Qa4HBlUoq2WjK

(Ilustración principal: detalle del mural El puerto, de Anatoly Sokoloff, que pintó en la Galería Rivadavia en 1956, que me fascinó de chico (y copié en los dibujos en blocks Coloso que llenaba durante las siestas familiares) y permanece allí, como los barcos que ya no han de zarpar.)

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