Cassandra Wilson, la vidente del jazz (fragmento de la nota publicada en elDiarioAr)

La vida musical de Cassandra Wilson empezó varias veces. Con sus estudios de piano, entre los 6 y los 13 años; con su abordaje del clarinete, como miembro de la banda de su escuela media; con el estudio del método de guitarra de Mel Bays, que le aconsejó su padre (guitarrista y profesor de música); con las primeras canciones que compuso, de adolescente, cerca del folk y en las reverberaciones de Joni Mitchell; en sus noches trabajando en bares como cantante de rhythm & blues, funk y pop, mientras estudiaba Comunicación en la Universidad del Estado de Jackson; en su primera aproximación al bop, gracias a la Black Arts Music Society, fundada por John Reese y Alvin Fielder

Pero su gran comienzo, es decir el de la cantante que fue, tal vez, la última en crear un estilo y un universo absolutamente propio dentro del jazz, tuvo que ver con la mudanza de su Jackson natal, en Mississippi, a Nueva York, con su práctica de improvisación con el gran trombonista Grachan Moncur III, y con su encuentro con el saxofonista y compositor Steve Coleman, a quien conoció en las jam sessions conducidas por el pianista Sadik Hakim. Coleman había creado el colectivo M-Base, un proyecto que, a partir de líneas estilísticas desarrolladas por la AACM (la Asociación para el Avance de la Música Creativa) de Chicago, y del BAG (Grupo de Artistas Negros) ampliaba sus límites al territorio del soul y el funk y produjo mucha de la música más intensa y original de mediados de los ochenta. Allí estaba, además de Coleman, la genial pianista Geri Allen (otra gran artista muerta tempranamente, en 2017 y con 60 años recién cumplidos). Y allí se integró Wilson como una más.

“Ideas sutiles tras la máscara de la música pop”, sintetizó The New York Times. 

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