Entradas

¿Blas Strauss o Richard Parera?

Imagen
En 1927 Richard Strauss comenzó a componer una obra dedicada a Paul Wittgenstein, el pianista que había perdido el brazo derecho en la Primera Guerra Mundial y para quien varios autores –Maurice Ravel y Sergei Prokofiev entre ellos– escribieron obras "para la mano izquierda". La composición de Strauss, titulada  Panathenäenzug, Op. 74 (Estudios sinfónicos en forma de passacaglia ) fue estrenada en 1928 en Berlín. Unos años antes, el 7 de agosto de 1923, Strauss había estado en la Argentina, dirigiendo un concierto en el Teatro Argentino de La Plata. Hubo, desde ya, celebraciones oficiales. Y se ve que algo  quedó resonando en su memoria.   Panathenäenzug, de Richard Strauss.

Sol naciente

Imagen
La canción fue un éxito en 1964, a partir de la grabación realizada en una sola toma, el 18 de mayo de ese año, por el grupo inglés The Animals . Su cantante, Eric Burdon , contó haberla escuchado en un club de Newcastle, por un intérprete de Northumbia llamado J ohnny Handle . La pieza, “The House of a Rising Sun”, venía de mucho antes. Algunos, como el musicólogo Alain Lomax, le atribuía un origen inglés y, en el minuto 1.40 de un registro en que grabó a Harry Cox , un granjero de Norfolk, se escucha el verso “If you go to Lowestoft, and ask for The Rising Sun, / There you'll find two old whores and my old woman is one” (Si vas a Lowesoft – un distrito del este de Suffolk – y preguntás por The Rising Sun, entonces te encontrarás dos putas viejas y una de ellas es mi vieja mujer).  Grabación de Alan Lomax Lomax había oído la canción –o elementos que parecían remitir a sus fuentes– en 1937 y en Kentucky, por Georgia Turner , una adolescente de 16 años, hija de un minero, que cantab...

Para escuchar un libro

Imagen
En estos días, a raíz de la publicación de un nuevo libro mío, Hoy desperté cantando esta canción. Canciones populares: una historia argentina, me han preguntado muchísimo acerca de la importancia de la interpretación en las músicas de tradición popular.  La justificación teórica está en el propio libro y, en resumidas cuentas, tiene que ver con el grado de esencialidad que tiene en la definición de la obra, hasta el punto de que, por ejemplo, “La Cumparsita” sea, para un oyente informado, más que la de Matos Rodríguez, la de Firpo, la de D’Arienzo o, si se cuenta su arreglo para Troilo, las cuatro de Astor Piazzolla, todas diferentes entre sí.  Para el público de jazz, nada significa la mención de “My Funny Valentine” si no se acompaña con los nombres de Miles Davis o Chet Baker, por sólo nombrar dos de los músicos que hicieron suya esa canción. Podría pensarse que, en el campo de la tradición académica, sucede lo mismo al mentar a Argerich, Horowitz o Pollini. Sin embargo, y...

Pedí un deseo a la luna

Imagen
Si hiciera falta una sola prueba de la genialidad de Dorothy Parker bastaría con esa repetición del relato de la Sra. Wheelock en el primer cuento que publicó, en diciembre de 1922, en la revista Smart Set . En “Such a Pretty Little Picture” –traducido al castellano como “Qué bonita estampa” en la edición de Random House de su obra narrativa completa–, el marido recorta el seto y ella, sentada con un tejido en la galería de su casa suburbana, cuenta su encuentro con el médico que atiende a su pequeña hija.  Ella llama a su marido “Daddy” y la hija tiene por nombre Sister. Los nombres no tienen por qué traducirse pero, desafortunadamente, en la edición española aparece como Hermanita. El Sr. Wheelock asiente, cada tanto, se concentra en su tarea y, aclara la escritora, en sus pensamientos mientras la esposa sigue hablando. Luego pasa por allí el matrimonio Coles, que vive en la esquina, y ella vuelve a contar lo mismo, con las mismas exactas palabras. Mientras se alejan, la Sra. Co...

Lo irrecuperable

Imagen
  “Los ademanes desaforados y movimientos, así como el uso de grandes saltos interválicos, son signos de una liviandad de pensamiento incompatible con la dignidad que deben mantener los vicarios del coro”, escribía en el Siglo XIII el Dean de Salisbury , censurando además “su perpetuo desasosiego, corriendo de aquí para allá, yendo y viniendo sin ninguna razón aparente”. En setecientos años, la iglesia romana tuvo el tiempo suficiente para llevar el canto eclesiástico a la versión oficial de la Abadía de Solesmes que el disco acabó por cristalizar. Si se piensa en el canto judío, que sin duda dio origen a los primeros ritos cristianos, y a lo que los griegos tomaron de ellos en Bizancio –en ambos, medio orientales al fin y al cabo, se han conservado los melismas e improvisaciones de los oficiantes– puede llegar a tenerse una idea de cómo era el canto en los comienzos de la iglesia romana.  Y, teniendo en cuenta las observaciones del Dean de Salisbury, unos mil años después, de...

Sonata-río

Imagen
El punto de partida era que esa obra contenía, hacia atrás y hacia adelante, a la historia musical. Que la Sonata en si menor de Franz Liszt dialogaba con su pasado y con el futuro. Y entonces, en esa versión intervenida, se intercalaban pasajes de Bach o Schönberg o Chopin . Y además había acciones. “Acción instrumental”, declaraba ese grupo que orbitaba alrededor del pianista Jorge Zulueta , que había grabado en el Instituto Di Tella lo que que nadie tocaba –no solo la obra de compositores vivos, argentinos y americanos, sino las obras completas de Schönberg, de Debussy y Satie o la versión original, para piano, de Cuadros de una exposición de Mussorgsky– y que reinventaba a Liszt junto con Jacobo Romano , la gran Margarita Fernández y una jovencísima Ana María Stekelman . Hubo un film, La pieza de Franz , que dirigió mi tío, Alberto Fischerman , donde la obra se entretejía además con el 18 Brumario de Marx, con Feuerbach y con los restos, deshojados, de los festejos camporist...

Ese momento

Imagen
Hay un momento en el que John Coltrane cambia para siempre el universo de las músicas artísticas de tradición popular. Un momento en que busca un sonido que no existe. Pero lo importante no es ese sonido. Lo que define los nuevos límites del mundo no es, tampoco, que no lo encuentre. Es que lo sigue buscando. Es que el arte se convierte, allí, en otra cosa. Ya no es la búsqueda de la belleza. Y ni siquiera de su contrario: del desafío; del rechazo a lo decorativo. Es el encuentro del abismo. Y es la puesta en escena de ese vacío. No hay disimulo. No hay intento alguno de pulir ese vagido. A partir del minuto 8:35, con eclosión alrededor del minuto 9 –en que se oyen algunos chiflidos– de la versión de “All of You” tocada en el Olympia de París el 20 de marzo de 1960 por el quinteto de Miles Davis –él en trompeta, Coltrane en saxo tenor, Wynton Kelly en piano, Paul Chambers en contrabajo y Jimmy Cobb en batería–, el saxofonista emprende un viaje. Y lo que importa no es tanto el punt...